San Cristóbal de la Laguna, 12 de diciembre de 2011.
Queridos Reyes Magos de Oriente, deseo que a la llegada de esta carta estéis descansados y con todo listo para el día cinco de enero ¡Menuda suerte tenéis de trabajar tan sólo un día al año!
Como cada Noche de Reyes, dejaré las puertas y ventanas de mi casa abierta para que os sea más fácil entrar en ella. Tendréis agua y alpaca para los camellos, y bebida y comida para que vosotros también repongáis fuerzas. Ah, no olviden que ya no vivimos donde siempre. Hace unos meses mi familia y yo nos cambiamos de casa. Y para suerte de ustedes ya no tendréis que subir cincuenta y tres escalones, pues nuestro piso es un bajo.
Ya saben que soy un poco cabezona y a veces me enfado demasiado cuando las cosas no salen como a mí me gustan. Pero en el fondo, soy buena persona y trabajadora. Es por ello que me atreveré a pedir algunos regalitos, por si Sus Majestades pudieran traérmelo.
Deseo…
Salud para toda mi familia y amigos. Y si nos ayudáis también con algo de responsabilidad y constancia para cuidarnos y querernos más a nosotros mismos mucho mejor.
Un trabajo digno en el que cada uno se sienta realizado y poder sacar su salario con el que poder vivir.
Alegría y vitalidad para avanzar en nuestro día a día.
Esperanza para creer en la llegada de nuevos amaneces y puestas de sol diferentes.
Respeto y tolerancia hacia todo y todos.
Fuerzas para levantarnos una y mil veces si esto fuese necesario.
Amor, mucho amor… Pues, ésta es la gran medicina del siglo en el que vivimos y algunos aún no se han dado cuenta.
Sin más que deciros, deseo que tengáis unas Felices Fiestas y un Próspero Año Nuevo, y si Ustedes creen que he sido muy abariciosa pidiendo, organicen los regalos como crean conveniente pues yo aceptaré de muy buenas ganas lo que esa noche dejéis a pie de mi árbol de Navidad.
Ángela.